02/09/2026
El devocional de John Stott llega a Efesios 1:18-20 dentro de la serie «Tres cartas desde la prisión»: por qué la oración de Pablo no pide bendiciones nuevas, y dónde se puede comprobar el poder de Dios sin necesidad de imaginarlo.
En La Semilla de este miércoles, el Pr. Lucho comparte la reflexión que John Stott dedica a la tercera de las cartas escritas desde la prisión bajo el título «Conocer el poder de Dios». El pasaje es Efesios 1:18-20: «alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales» (RVR1960).
Ideas clave

Stott empieza situando el mapa del capítulo: Efesios 1 se divide en dos partes. En la primera, Pablo bendice a Dios porque nos bendice en Cristo. En la segunda, pide que el Señor abra nuestros ojos para que veamos la plenitud de esa bendición.
No son dos asuntos distintos, sino el mismo visto desde dos lados: primero la alabanza por lo recibido, después la petición de entenderlo. Y el devocional insiste en que es importante mantener juntas la alabanza y la petición.
De ahí sale el aviso más práctico de la reflexión, y va en dos direcciones opuestas. Algunos cristianos reducen sus plegarias a la petición de bendiciones nuevas y pasan por alto las que ya han recibido.
Otros hacen justo lo contrario: subrayan que todas las bendiciones espirituales ya les pertenecen en Cristo y no tienen apetito por más. Cualquiera de estas dos posiciones, concluye Stott, queda desequilibrada.
La petición de Pablo consiste esencialmente en que los efesios conozcan tres cosas: la esperanza del llamamiento de Dios, la gloria de su herencia y la grandeza de su poder.
Y ese «conocer» tiene dos sentidos a la vez, tanto el de entender como el de experimentar. No basta con enterarse; hay que llegar a comprobarlo. De las tres, el apóstol se concentra en la última: el poder de Dios.
Está tan seguro de que ese poder es suficiente que acumula las palabras y escribe con energía sobre «el poder de su fuerza». Todo el énfasis de la oración está en que sus lectores alcancen el pleno conocimiento del llamado de Dios, de su herencia y de su poder, especialmente de esto último.

Queda entonces la pregunta obvia: ¿cómo podían conocer ese poder? La respuesta del devocional no manda a nadie a buscar experiencias extraordinarias, sino a mirar un hecho ya ocurrido.
El Señor lo ha demostrado públicamente en la resurrección, la exaltación y la coronación de Cristo. Ahí está medido, a la vista de todos. Y la frase que remata el argumento es la que da sentido a la oración entera: ese grandioso poder que Dios ejerció en Cristo está ahora a nuestra disposición.
«Ese grandioso poder que Dios ejerció en Cristo está ahora a nuestra disposición.»

Stott cierra explicando cómo esperaba Pablo que su oración fuera respondida, y señala dos vías. La primera, por la iluminación del Espíritu Santo, que es «espíritu de sabiduría y de revelación» en el conocimiento de Cristo, como dice el verso 17 de ese mismo capítulo.
La segunda, por nuestra propia reflexión sobre la revelación objetiva del poder de Dios en la resurrección y exaltación de Jesús. Es decir: el Espíritu alumbra, pero uno tiene que ponerse a pensar.
El devocional termina señalando esa combinación saludable que hace el apóstol entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la revelación y la iluminación —que no son lo mismo—, entre la historia y la experiencia, entre Cristo y el Espíritu Santo.
Referencias
Temas La Semilla · John Stott · Efesios · Pablo · resurrección · Espíritu Santo
Sobre el autorPr. Lucho —Luis E. Panduro— dirige y presenta El pulso de la vida, el magacín matinal de Dynamis Radio (lunes a viernes, de 8:00 a 11:00 h): tres horas diarias de noticias, entrevistas y reflexión bíblica en directo. Periodista formado en la Universidad San Martín de Porres, en su Perú natal, es un apasionado de la Escritura y de su trasfondo histórico, y suele leer en voz alta a los grandes autores buscando en sus páginas el rastro de Dios. Es además fundador y pastor de la iglesia Fuente de Agua Viva, en Pinto (Madrid), que dirige junto a su mujer, la Pra. Anggelina Ugaz.