02/06/2026
La genealogía de Jesús en el Evangelio de Mateo no es una lista secundaria ni un simple registro familiar. Es una declaración teológica situada al comienzo mismo del relato: Jesucristo aparece vinculado a Abraham y a David, en la línea de las promesas hechas a Israel y en el horizonte del Mesías esperado. Frente a la genealogía de Lucas, que remonta el origen hasta Adán y subraya el alcance universal de la salvación, Mateo presenta a Jesús como heredero de una historia concreta, marcada por pacto, reino, promesa y cumplimiento.
El pastor Joaquín Yebra subraya un detalle especialmente revelador: la presencia de mujeres en una genealogía antigua, algo poco habitual en su contexto. Tamar, Rahab, Rut y Betsabé aparecen dentro de una línea mesiánica que no oculta heridas, extranjerías ni pasados difíciles. Lejos de presentar una descendencia idealizada, el texto muestra que Dios actúa en la historia real, a través de hombres y mujeres de distintos orígenes, incluidos aquellos cuyas vidas han estado atravesadas por la fragilidad, el conflicto o la sospecha.
La genealogía de Mateo anticipa así una de las grandes tensiones del Evangelio: Jesús es el Mesías prometido a Israel, pero también el deseado de todas las naciones. Su historia no se levanta sobre la pureza aparente de los linajes humanos, sino sobre la fidelidad de Dios, capaz de conducir la redención incluso a través de caminos inesperados. En esa lista de nombres, a veces leída deprisa, late ya el corazón del Evangelio: un Mesías sufriente que viene a salvar y un Mesías glorificado que vendrá en plenitud.