21/07/2026
Joven, inexperto, tímido y con una salud delicada: así era el Timoteo real, según John Stott. La Semilla recorre 1 Timoteo 4 y las seis órdenes de Pablo para que nadie tenga en poco su juventud.
<p>«Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza». Con 1 Timoteo 4:12 abre hoy La Semilla, siguiendo el titular del devocional de John Stott: consejos a un líder joven. Y lo primero que hace el maestro es una confesión personal: «admito que Timoteo me resulta una persona muy agradable. Se asemeja a nosotros en nuestra fragilidad humana».
Ideas clave
Stott dibuja a Timoteo sin retoques. «Estaba lejos de ser un santo de cristal; no le hubiera cabido una aureola en la cabeza». Era, dice, un ser humano genuino, con toda la vulnerabilidad que eso implica. Y esa vulnerabilidad tenía tres flancos concretos.
En primer lugar, era comparativamente joven y muy poco experimentado. En segundo lugar, en cuanto a su temperamento, era alguien poco seguro de sí mismo, hasta el punto de que Pablo tuvo que pedir a los corintios que lo hicieran sentir a gusto cuando los visitara. Y en tercer lugar tenía problemas de salud: un problema gástrico recurrente por el que el apóstol le recomendó tomar una pequeña dosis medicinal de vino.
Joven, tímido y frágil. El peligro, señala Stott, era que estas características socavaran su labor ministerial. Un problema, añade, probablemente habitual para los jóvenes.

¿Cuál es el remedio? La respuesta viene del propio apóstol, y Stott la cita en la paráfrasis de J. B. Phillips: «no dejes que la gente te rebaje porque eres joven; procura que eleve la mirada hacia ti». A continuación, Pablo desarrolla seis razones por las que deberían hacerlo.
Primero, Timoteo debía dar ejemplo: la gente no despreciaría su juventud en tanto admirara su vida y su carácter (verso 12). Segundo, debía consagrarse a la lectura pública de las Escrituras, derivando de ella su enseñanza y demostrando así de dónde recibía su autoridad (verso 13). Tercero, no debía descuidar el don que se le había dado en su ordenación, porque la gente no despreciaría los dones de Dios (verso 14).
Cuarto, debía ser diligente y entusiasta, a fin de que todos pudieran ver su progreso (verso 15). Quinto, debía ser responsable en su vida y en su enseñanza, asegurándose de que fueran consistentes (verso 16). Y sexto, debía ser sensible en sus relaciones: tratar a los mayores con respeto, a los de su edad con igualdad, al sexo opuesto con pureza y a todos con el afecto que une a la familia de la iglesia.

Stott cierra convirtiendo las seis razones en seis órdenes que caben en una tarjeta: cuida tu ejemplo, identifica tu autoridad, practica tu don, muestra tu progreso, observa tu coherencia, cuida tus relaciones.
Y una promesa final para quien las siga: si los líderes jóvenes atienden estas instrucciones, «otras personas se sentirán gustosas y agradecidas de recibir su ministerio». La juventud, la timidez o la fragilidad no descalifican a nadie: lo que pesa es el ejemplo.
«No dejes que la gente te rebaje porque eres joven. Procura que eleve la mirada hacia ti.»
Referencias

Temas 1 Timoteo · John Stott · Timoteo · Liderazgo · Juventud · La Semilla · El pulso de la vida
Sobre el autorPr. Lucho —Luis E. Panduro— dirige y presenta El pulso de la vida, el magacín matinal de Dynamis Radio (lunes a viernes, de 8:00 a 11:00 h): tres horas diarias de noticias, entrevistas y reflexión bíblica en directo. Periodista formado en la Universidad San Martín de Porres, en su Perú natal, es un apasionado de la Escritura y de su trasfondo histórico, y firma secciones como La Semilla, donde cada mañana desgrana un pasaje de la mano de los grandes maestros de la exposición bíblica.